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  Las vacaciones de verano y Navidad son dos momentos críticos en la relación de pareja, debido al gran número de tiempo que las parejas pasan juntos y a las situaciones de gran estrés que viven las parejas con niños.

Cuando eso ocurra en tu relación es evidente que algo no funciona correctamente y que es necesario solucionar antes de que el problema se agrave y se vuelva irreversible.

El mes de septiembre pude ser 

un mes horrible si sumamos a la típica depresión postvacacional los conflictos surgidos durante las vacaciones con tu pareja.

En esta situación, no dejes que la situación se enquiste y que la vuelta a la rutina laboral o a los quehaceres domésticos, sean el medio para solucionar el conflicto.

Como abogado y mediador te recomiendo los siguientes pasos para recuperar el equilibrio en tu relación y en tu vida:

1. Habla tranquilamente con tu pareja y expón los problemas y los medios para resolverlos. Si ello es imposible o tu pareja no es consciente del problema deberías acudir a un psicólogo o terapeuta de pareja. 
2. Si tu pareja se niega a buscar soluciones y rehusa cualquier terapia de pareja o el conflicto no se soluciona, ponte en contacto con un mediador para que intente -desde un punto de vista psicológico-jurídico- ayudaros a resolver el conflicto y recuperar la estabilidad emocional en el seno de la pareja o bien medie para alcanzar la firma de un convenio satisfactorio para ambas partes en un posible divorcio de mutuo acuerdo.
3. En el supuesto de que tu pareja se niegue a colaborar y no se resuelvan los conflictos de pareja o se agraven, mejor buscar un abogado que ponga fin a la relación sin perjudicar a los menores –si los hay-, ni convierta el divorcio en una guerra interminable, pero que conozca su oficio para la defensa integra de tus intereses.

Y sobre todo, no tengas miedo. Vida sólo tenemos una y no se puede malgastar manteniendo una relación de pareja o un matrimonio que no te hace feliz, que te genera graves conflictos personales, que te estresa o que te está convirtiendo en una persona distinta a la que eras.

La separación o el divorcio no son el fin de la familia, sólo un cambio en su estructura. Tampoco el divorcio tiene que ser una guerra, sino un medio para que ambos cónyuges inicien su búsqueda hacia una vida mejor.